The Latino Effect

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Análisis: El bote salvavidas – Los latinos contra la migración ilegal

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La dualidad entre ser inmigrante o un descendiente de inmigrantes y, al mismo tiempo, oponerse a un determinado flujo migratorio -o al menos asumir posturas en contra de la migración ilegal de latinos y a favor de un sistema migratorio más fuerte y exhaustivo, son posiciones que han servido de combustible para acalorados debates en un contexto cada vez más polarizado.

Cubans are really my favorites by a lot. I love Cubans because they all turn into conservative republicans immediately after they get into America. Guys, you are all refugee-immigrants and in the second you get your dry foot, in the very second when your foot is dried, you went like ‘ok, the immigration is enough, it’s enough! It’s too many people! We need a system; we need a law!’”, dijo entre risas del público el comediante estadounidense Andrew Schulz. Fue durante una de sus presentaciones, hace más de 4 años.

Latinos contra la migración ilegal: una discusión superficial.

Muchas veces la superficialidad de la discusión, producto de la alta sensibilidad del tema y de su propensión a generar emociones extremas, por lo general atenta contra una comprensión más fiel a la realidad. Porque es además un suceso que, de manera casi inadvertida, es abordado casi siempre con profundos y peligrosos prejuicios.

Podríamos citar acá todas las razones que causan olas migratorias. Como, por ejemplo, la falta de oportunidades económicas, inseguridad ciudadana y jurídica, poco acceso a una educación avanzada, deficientes servicios públicos, etc. Sin embargo, todas ellas, a pesar de ser ciertas y sobradamente importantes, es común que resulten demasiado asépticas. Así como también carecen de capacidad para describir el contexto emocional bajo el cual actúa y toma decisiones el migrante.

¿Qué podría ayudarnos un poco más a entender este tema tan vital y complejo? Tal vez una historia, como la de las películas de Hollywood. De hecho, allí radica la potencia de la industria cinematográfica. En esa capacidad de transmitir emociones a través de historias reales o ficticias que, a su vez, sirven de vía para reflexiones más profundas y hasta entonces inadvertidas. Probemos.

Imaginemos un naufragio. Recordemos la película Titanic.

Un barco en apariencia invencible de pronto se encuentra en una situación crítica e insalvable. En la mitad de la crisis, los pasajeros de todas las clases sociales corren a los botes salvavidas. No obstante, un nuevo problema aparece: no hay botes suficientes para todos. Entonces, de manera improvisada y muy rápida, se arma un sistema de selección para determinar quiénes tienen prioridad para acceder a los escasos botes.

Todo pasa muy rápido y no hay mucho tiempo para pensar, pero, en líneas generales, se llega a un acuerdo. Quienes deben tener la prioridad son las mujeres, niños y adultos mayores. Luego, si queda espacio, entrarían los hombres.

Sin embargo, el caos natural de la situación más el miedo generalizado impuso la “ley del más fuerte” por la vía de los hechos. Así, los pasajeros con mayores recursos económicos y acceso a las áreas más exclusivas del barco, tuvieron acceso preferencial a los botes. De esa forma, algunos pudieron acomodarse durante los primeros minutos de la crisis y navegar de manera segura lo más lejos posible. Mientras, otros peleaban con uñas y dientes por lograr superar los obstáculos y montarse en uno de los botes.

Transcurrido un tiempo y habiendo empeorado la situación (ya era evidente que el barco se iba a hundir), muchos, viendo que les resultaba imposible montarse en uno de los botes, decidieron saltar al agua. Era una decisión desesperada, pues las probabilidades de morir congelados en esas gélidas corrientes eran casi absolutas, pero la situación ameritaba correr el riesgo. El plan era brutal, pero simple e intuitivo: lanzarse al agua para nadar hasta algún bote cercano y treparse en él.

El desenlace de una situación crítica.

Muchos murieron haciendo esto. No solo debían evitar congelarse nadando lo más rápido posible. También debían luchar en el agua contra otros que, en su misma situación desesperada, trataban de hacer lo mismo. Además, si lograban alcanzar algún bote, debían superar la resistencia de quienes ya a bordo del mismo muchas veces trataban de empujarlos hacia abajo porque juzgaban que una sobrepoblación de pasajeros los podría poner en riesgo a todos.

Así, en una situación extrema, el instinto de supervivencia salió se hizo presente en muchos que, en otros contextos, habrían actuado de manera distinta por el peso moral de las decisiones que tomaron. Es que en el medio del caos, golpes iban y venían, gritos se oían en la oscuridad, y personas que ya estaban en los botes salvavidas, bien porque se lograron montar desde el Titanic o porque lograron treparse desde el agua fría, empujaban a otros que intentaban subirse.

Con esa referencia en la cabeza, analicemos la «migración ilegal de latinos».

Cuando un migrante sale de su país, por lo general deja atrás lo que él siente, como un Titanic que se hunde. Su salida no es voluntaria, sino producto de una realidad crítica que lo empuja a pensar en opciones nunca antes contempladas.

Cuando un país está en una crisis como la del Titanic, los primeros en trazar planes de salida y ejecutarlos de manera ordenada, son, como vimos en la película, aquellos que tienen la educación y los recursos financieros.suficientes Esos son los primeros que se montan en los botes y comienzan de manera sistemática sus descensos al agua. Mientras tanto, va creciendo el sentimiento de desespero entre quienes quedan aún en el barco principal.

Los primeros evacuados, o más bien emigrados, logran, con el escaso tiempo transcurrido (en el Titanic minutos, en la migración meses o años), tener una perspectiva un poco más completa de lo que dejan atrás.

Luego están los que, sin tener los mismos recursos, logran concretar su salida con mucho sacrificio y desprendimiento. Tal vez vendiendo algo que hasta entonces les era querido o aceptando el duro camino de comenzar de cero. Sin la posibilidad de hacer uso de las herramientas obtenidas en sus países (profesionales que abandonan sus trabajos para dedicarse a cosas nunca antes pensadas). Estos migrantes se parecen a los pasajeros que logran salir del Titanic montándose por la fuerza en uno de los barcos salvavidas.

Los que solo cargan una ilusión.

Finalmente, están quienes migran sin nada y ven en el horizonte lejano países ajenos como quien mira unos botes salvavidas en la mitad de un mar gélido y agitado. Esa migración de latinos tildada de ilegal, representa a la mayoría de los pasajeros del Titanic. Son aquellos que toman la decisión de saltar al agua y nadar hasta uno de los botes. A pesar de los peligros y de las advertencias, lo hacen porque su instinto de supervivencia así se los pide.

En el agua (sea esta una selva como la del Darién o literalmente un mar como el que separa Cuba del sur de la Florida), saben que corren el riesgo de morir, pero enfocan sus energías en llegar a uno de los botes lejanos.

Muchos mueren en el camino, muchos regresan al Titanic para coger nuevas fuerzas y saltar de nuevo. Otros, luego de luchar en el agua, tanto contra la corriente como con el desespero de quienes están en su misma situación, logran alcanzar uno de los barcos. Incluso sobrepasan la resistencia inicial de sus pasajeros, como el migrante que se siente realizado y feliz por llegar a otro país, pasando el filtro de sus autoridades fronterizas.

Esos migrantes que lograron por la vía que sea alcanzar uno de los botes salvavidas, puede que se opongan algunas veces a recibir nuevos migrantes en su bote. Pues, como los pasajeros del Titanic que lograron salvarse, juzgan a una sobrepoblación de gente desesperada, por su solo peso. Es que ven en peligro la resistencia de la embarcación que les sirve de vehículo para continuar con vida.

¿Es irracional esa forma de pensar?

Sí, puede que lo sea… pero no por eso es menos importante, al contrario, son las emociones y no la razón el motor de las acciones del ser humano. La razón acompaña a la emoción, pero es la emoción la que empuja.

Cuando un tercero o alguien que no ha vivido una migración forzada, resalta la incongruencia de quienes siendo migrantes se voltean en contra de una «migración ilegal», de latinos en este caso, está señalando un punto cierto y evidente. Aunque, por lo general, no comprende el contexto emocional de esa realidad a la que hace referencia.

 

 

The Latino Effect editorial team

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