La campaña presidencial demócrata no pasa por un buen momento desde el punto de vista de la opinión pública.
Durante los últimos meses, pero muy especialmente en las últimas semanas, varios estudios de opinión han coincidido en señalar que la candidatura presidencial de Joseph Biden está perdiendo terreno ante Donald Trump, quien, para sorpresa de muchos, a pesar de todos los problemas legales y escándalos que está enfrentado, ha demostrado consistencia en el crecimiento de sus números, incluso en sectores poblacionales no tradicionalmente afines a los Republicanos, como los latinos.
La aprobación de la gestión del presidente Biden está en su punto más bajo desde que asumió la presidencia con 37%, y, comparándola con los números de otros presidentes al mismo tiempo de sus respectivas gestiones, también resulta la peor justo detrás de Jimmy Carter en noviembre de 1979 (40%).
Varios periodistas aprovecharon una breve exposición pública de Biden en Delaware, mientras visitaba su comando de campaña, para preguntarle si estaba preocupado por los números de las encuestas recientes, a lo que él respondió: “you are reading the wrong polls”. Esta negación o intento de reinterpretación de los números que han publicado los medios recientemente, coincide con un documento que la campaña demócrata envió a varios periodistas indicando que hay otras encuestas en las que Biden está empatado o supera a Trump en intención de voto.
Sin embargo, aún y en las encuestas que la campaña de Biden señala como algunas pruebas de que “no todo está tan mal como quieren hacer ver”, el presidente se ve sumamente comprometido. En la de NPR/PBS, Biden aventaja a Trump por solo 3 puntos; en la de Yahoo News/YouGov, la ventaja es de apenas 1 punto; y en la de Suffolk University/USA Today, están empatados ambos candidatos con 37% de intención de voto.
Una bandera para hacer campaña
La campaña de Donald Trump tiene una bandera muy clara: el propio Donald Trump. Su propuesta de gobierno es él mismo, su propio nombre; un nombre que se ha atado de manera muy fuerte a elementos identitarios de grupos que pudieran ser minoritarios, pero que compensan sus números con mucha pasión, vocería y movilización, aún y cuando sus acciones galvanicen a toda una coalición de actores políticos en contra.
Biden, por su lado, no tiene ese mismo capital de liderazgo. Su campaña del 2020 tuvo a Trump como epicentro de toda comunicación, casi haciendo sentir que más que una elección entre dos opciones de liderazgo, de lo que se trataba era de un plebiscito donde Trump competía contra el anti-Trump.
En ese entonces, la estrategia funcionó y Trump perdió la elección. Pero creer de manera automática que la misma estrategia que funcionó en 2020 funcionará en 2024, como pareciera que se cree en el comando de campaña demócrata cuando el mismo candidato dice que «If Trump wasn’t running, I’m not sure I’d be running», es un riesgo que podría convertirse en un error muy costoso.
En 2020, Biden no solo no tenía el desgaste de una gestión mal evaluada que hoy sí tiene, sino que además gozaba del recuerdo de haber sido el segundo de un presidente sumamente popular, que logró reelegirse con relativa comodidad y que aún hoy conserva una evaluación positiva. En 2020, para muchos votantes demócratas, Biden generaba una remembranza de un pasado bien evaluado y por el cual valía la pena movilizarse. Hoy, con casi dos tercios de los Demócratas diciendo que su partido no debería nominarlo para la reelección, es obvio que el contexto cambió.
Para que Biden aumente sus probabilidades de éxito, su campaña no puede centrarse en el simple rechazo a Trump, sino que debe acompañar la caracterización necesaria de su rival con una comunicación que gire de manera sistemática alrededor de dos o tres banderas estratégicas muy bien definidas, que puedan generar combustible emocional para la movilización de su base electoral.
Una de esas banderas es, sin duda alguna, la defensa de los derechos reproductivos, especialmente del aborto.
La ola roja que no fue
Durante las semanas previas a la pasada elección de medio término, la enorme mayoría de medios de comunicación, analistas y encuestadores señalaban que el Partido Republicano aplastaría al Partido Demócrata con una “red wave”, logrando ganar el Senado y controlar ampliamente la Cámara de Representantes, así como varias gobernaciones y otros cargos estatales de relevancia. Sin embargo, la “red wave” nunca llegó. Los Demócratas ganaron el Senado y los Republicanos ganaron la Cámara con una mayoría muy frágil, tanto que se necesitaron varios días para elegir al nuevo Speaker que no pudo cumplir ni un año en el cargo, luego de que miembros de su propio partido introdujeran una exitosa moción para hacerlo cesar en sus funciones.
Las predicciones de la “red wave” no eran descabelladas. La situación económica en el país era una preocupación muy seria para los votantes y, en ese tema, la gestión demócrata estaba mal evaluada. La inflación golpeaba duro, sobre todo en los precios de la gasolina. La crisis migratoria cubría buena parte de la prensa y el conflicto en Ucrania era usado por los Republicanos como una prueba de que el mundo está en caos gracias al débil liderazgo de Estados Unidos. No obstante, los Demócratas lograron un desempeño electoral sobresaliente en un contexto sumamente adverso… ¿Cómo lo lograron? En buena medida, gracias a la movilización de los defensores de los derechos reproductivos, impulsados por la decisión de la Corte Suprema de Justicia de anular la decisión del caso Roe vs Wade, que protegía el derecho al aborto a nivel federal, y que los Republicanos celebraron públicamente como un acto de justicia.
Desde entonces, los activistas de los derechos reproductivos se han movilizado y han obtenido importantes victorias políticas y electorales en estados con amplia tradición conservadora. En agosto Kansas decidió por la misma vía rechazar un cambio constitucional que pretendía prohibir bajo cualquier vía el aborto, y en noviembre de 2022, Kentucky decidió en elecciones no adoptar cambios constitucionales que dificulten el acceso al aborto en el estado. Más adelante, en agosto de 2023, Ohio se sumó a la tendencia a favor de la defensa de los derechos reproductivos, aún y cuando el gobernador republicano se sumó activamente a una campaña a favor de la estricta regulación del aborto.
El aborto en la boleta de votación
Teniendo en cuenta el potencial movilizador comprobado que tiene la bandera de los derechos reproductivos, una estrategia conveniente para el comando de campaña demócrata, pensando en 2024, sería sumar en varios estados claves una pregunta en la boleta de votación, que someta al juicio de los electores la adopción o rechazo del aborto como un derecho estatal.
Varias organizaciones ya están trabajando para lograr esto. En Arizona, un estado sumamente peleado desde el punto de vista electoral, ya hay una coalición de activistas recogiendo firmas para solicitar formalmente que se haga la consulta sobre una posible modificación constitucional para expandir el acceso al aborto. En Nevada, un estado también muy peleado donde Biden ganó en 2020 por apenas 2,4%, grupos de activistas están planteando también sumar en la boleta de votación una consulta sobre el derecho al aborto. Y en Florida, un estado que se ha convertido en un terreno cada vez difícil para los Demócratas, también ya hay quienes están luchando por lo mismo.
La mayoría de los latinos está a favor del derecho al aborto
Cuando se trata de la opinión sobre el acceso al derecho al aborto, los latinos se inclinan mayoritariamente a favor.
51% de los latinos piensa que el aborto debería ser legal en todos los casos o en la mayoría de los casos, superando a los afroamericanos y a los blancos no latinos que opinan lo mismo en un 45% ambos grupos.
Tomando en cuenta que el voto latino será determinante en muchos estados claves para 2024, como por ejemplo los tres mencionados más arriba (Arizona, Nevada y Florida), impulsar la bandera de la defensa de los derechos reproductivos de una manera sistemática y disciplinada desde la campaña demócrata, podría activar a su favor un grupo poblacional que hasta ahora ha sido noticia por sus dudas sobre la idoneidad o favorabilidad del presidente Biden para repetir en la Casa Blanca.
The Latino Effect editorial team

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