El gobernador Ron DeSantis fue sin duda alguna el gran ganador de las pasadas elecciones de mitad de término. No solo logró reelegirse en un estado que hasta hace no mucho tiempo era considerado un “swing state”, sino que lo hizo obteniendo una gran ventaja luego de haber ganado en el 2018 por apenas 0,4%. Esto, como es lógico, lo convirtió automáticamente en un serio candidato para competir por la Casa Blanca en el 2024.
Uno de los aspectos más resonantes de su victoriosa campaña de reelección como gobernador fue el resultado que logró en el Miami-Dade County.
El Miami-Dade County es una zona urbana y cosmopolita donde confluyen muchas culturas y nacionalidades, la mayoría de ellas de origen latino. Desde el punto de vista demográfico, los cubanos conforman el 35% de la población total.
Desde el punto de vista histórico, el county se ha inclinado a apoyar más a los demócratas que a los republicanos. De las pasadas seis elecciones presidenciales, en todas y cada una de ellas los demócratas han obtenido la mayoría (en el 2020 Biden tuvo una ventaja de +7,35%, en el 2016 Hillary Clinton tuvo +29,6%, en el 2012 Obama logró +23,73% y en el 2008 +16,13%, y tanto Kerry como Gore lograron +6,28% en el 2004 y 2000 respectivamente). Asimismo, de las cinco elecciones de gobernador más recientes, los demócratas han logrado ventaja en cuatro (en el 2018 Gillum tuvo +20,95% a su favor, en el 2014 Crist tuvo +19,12%, en el 2010 Sink tuvo +14,29% y en el 2006 Davis logró +8,02%).
El gobernador DeSantis logró romper con una seguidilla de victorias de los candidatos demócratas en el Miami-Dade County. Este dato es muy importante, pues, si bien es cierto que los latinos del sur de Florida tienen características distintivas a los del resto del país, es vital tener en mente que, con el paso de los años, los latinos de Florida no solo han crecido en número sino también en diversidad.
Por ello, resulta necesario entender y tener en cuenta cuáles han sido los temas y las formas que el gobernador y actual candidato presidencial ha usado para comunicarse con los latinos en su estado y, a partir de allí, dilucidar la clave latina de DeSantis.
Anti comunismo
El gobernador DeSantis ha sido muy vocal en el rechazo a las dictaduras cubana y venezolana, haciendo un esfuerzo sistemático por diferenciarse de la política exterior de la administración Biden.
Sobre Venezuela, DeSantis ha criticado los acercamientos diplomáticos de Estados Unidos con el régimen de Maduro y el levantamiento de sanciones petroleras. Sobre Cuba, ha pedido la aplicación de un plan de contingencia para proveer de internet libre a los cubanos dentro de la isla, así como criticado la relajación de las restricciones de viaje y de envío de remesas desde Estados Unidos a Cuba, pues ello, según argumenta él, podría suponer un aumento de los ingresos económicos a favor del régimen cubano.
Estas posiciones, tomando en cuenta los más que comprensibles y justificados traumas de las diásporas cubana y venezolana en Florida, colocan a DeSantis en línea directa con un tema en extremo sensible y de sumo interés para la población latina del estado.
Es importante hacer notar que si bien la lucha contra las dictaduras en América Latina es un tema que directamente toca a solo tres grupos de la diáspora latina (Cuba, Venezuela y Nicaragua), es al mismo tiempo lo suficientemente potente como para generar solidaridad e identificación en otros grupos.
La diáspora colombiana, por ejemplo, muy numerosa en Miami, es sensible no solo por la proximidad con Venezuela, sino por el arribo al poder de un presidente con abiertas simpatías con figuras autoritarias. Asimismo, la diáspora peruana tiene también razones para darse por aludida, pues hasta hace poco tiempo estuvo en el poder un gobierno integrado por miembros y simpatizantes del grupo terrorista de izquierda llamado “Sendero Luminoso”. Igual la diáspora ecuatoriana, cuyo país pasa por un momento de inestabilidad que abre las puertas al regreso (directo o indirecto) del expresidente Rafael Correa al poder. Y otro tanto puede decirse de las diásporas argentina y brasilera.
De tal manera que al DeSantis asumir de manera frontal y clara su rechazo a las dictaduras cubana y venezolana, está tocando un tema transversal que une a la mayoría de la diáspora latina en Florida.
Anti inmigración ilegal
El gobernador DeSantis ha decidido abrazar dos banderas polémicas para darse a conocer más allá de su estado, ellas son: la lucha contra la inmigración ilegal y a favor de ideales conservadores para regir la sociedad.
Luego de haber logrado la reelección en el 2022 y aprovechando la mayoría republicana en el Congreso estadal, promovió y aprobó una ley contra la inmigración ilegal en Florida. Esta inédita ley establece rigurosas medidas de control como solicitar a los centros hospitalarios el estatus migratorio de sus pacientes, declarar inadmisibles las licencias de conducir o documentos de identificación emitidos por otros estados a inmigrantes irregulares, imponer castigos severos a cualquier empleador que dé trabajo a personas bajo la misma condición anterior o, incluso, estipular penas de prisión a todo aquel que transporte o albergue a alguien sin estatus migratorio legal (esto podría abrir la puerta a la detención de choferes de taxis o Uber, así como a familias cuyos miembros estén compuestos por ciudadanos estadounidenses e inmigrantes sin estatus legal).
Con esta medida, el gobernador apunta a diferenciarse positivamente de la administración Biden a los ojos de la base electoral republicana, que rechaza la gestión del presidente sobre la crisis migratoria en más de un 80%. Por ello, al momento de firmar la ley, enfatizó lo siguiente: “The Biden Border Crisis has wreaked havoc across the United States and has put Americans in danger. (…) In Florida, we will not stand idly by while the federal government abandons its lawful duties to protect our country. The legislation I signed today gives Florida the most ambitious anti-illegal immigration laws in the country, fighting back against reckless federal government policies and ensuring the Florida taxpayers are not footing the bill for illegal immigration.”
Sin embargo, esta acción de DeSantis no ha pasado sin recibir críticas o generar polémicas. Organizaciones a favor de los inmigrantes han demandado la nulidad de la ley, argumentando que es demasiado vaga en sus definiciones y preceptos, lo cual podría ocasionar arrestos injustos. A esto se le suma una soterrada migración interna de inmigrantes que han salido de Florida hacia otros estados para evitar cualquier posible problema con las autoridades.
El impacto de la ley contra la migración ilegal y las consecuencias electorales que ella podría tener sobre los latinos aún están por verse. No obstante, es justo decir que el elemento clave a seguir es la economía. En la medida que la economía del estado se resienta y que eso, a su vez, sea relacionado en la opinión pública como un resultado indeseado de las políticas anti inmigratorias del gobernador, DeSantis podría sufrir un grave daño en los apoyos de su campaña presidencial.
Otra medida sumamente polémica fue su participación en el envío de migrantes en condiciones vulnerables desde estados del sur hacia Washington D.C.
Esta acción generó diversas respuestas de rechazo tanto de opinadores y activistas de origen latino, como de políticos demócratas, tachando al gobernador de insensible y cínico por “jugar” con el dolor de los venezolanos (al menos 50 de los migrantes trasladados a D.C. eran venezolanos), al tiempo que dice oponerse a la dictadura de Nicolás Maduro, la principal causa de esa migración. A esto se le suma que el gobernador recibió una demanda por usar recursos de Florida para transportar migrantes de Texas a Washington D.C.; sin embargo, la acción legal fue finalmente desestimada.
Es importante destacar que el envío de migrantes a la capital del país sucedió meses antes de que el gobernador ganara su campaña por la reelección en Florida, por lo que, al menos desde el punto de vista estadal, esta acción no le significó un costo político considerable en el electorado latino. Aún así, esta realidad podría ser muy distinta en el ámbito latino a escala nacional.
Anti woke
Otro tema distintivo del gobernador, y en el cual ha hecho especial énfasis, es la promoción y defensa de los valores más tradicionales como norma de vida para la sociedad estadounidense.
Esto, en términos prácticos, se traduce en una férrea oposición al aborto bajo discreción exclusiva de la mujer, a la educación sexual temprana que incluya la discusión sobre la libre orientación de género, y a la promoción pública de actividades o espectáculos que tengan relación con personas transgénero o “drag queen”.
Sobre el aborto, hay varios puntos importantes a tener en cuenta para entender el impacto de cualquier postura en el electorado latino. Lo primero es que la población latina en los Estados Unidos es mayoritariamente joven, por lo cual más de la mitad de sus mujeres está en edad reproductiva; ergo, son personas directamente afectadas por cualquier medida que se tome sobre los derechos reproductivos.
Otro punto a destacar es que, debido a condiciones estructurales, las poblaciones más vulnerables (es decir, aquellas con pocos recursos económicos y accesos restringidos de servicios públicos, entre otras cosas) son más susceptibles de sufrir consecuencias negativas con el incremento en las dificultades para acceder a un aborto seguro. Los latinos, por su condición de minoría migrante, encajan en muy buena medida en esta categoría de grupos más afectados.
Con eso en mente, es necesario mencionar ahora que, en estudios realizados durante el año pasado, cuando la decisión de la Corte Suprema de Justicia estaba más reciente en la memoria colectiva y las distintas campañas de las elecciones de medio término afinaban sus comunicaciones al respecto, se determinó que la mayoría de los latinos consideraba que el aborto debe ser legal en casi todos los casos.
No obstante, dentro del universo latino hay diversas interpretaciones y posturas sobre este tema. Un ejemplo son los latinos con inclinaciones favorables al partido republicano que consideran, en un 62%, que el aborto debería ser ilegal en casi todos los casos. Los latinos creyentes de alguna religión protestante opinan, en un 69%, que el aborto debe ser prohibido y castigado. Si se discrimina la muestra por el idioma, tenemos que el 63% de los latinos que solo habla inglés piensa que el aborto debería ser permitido, coincidiendo con el 29% de los que hablan solo español.
Así pues, puede que las posiciones del gobernador en cuanto al aborto no estén del todo alineadas con las de la mayoría latina, pero es innegable que pudieran tener buena acogida en un público que, aunque siendo minoría dentro de una minoría, sigue siendo importante.
En cuanto a la lucha contra la educación sexual y el reconocimiento de la diversidad de género, el gobernador ha hecho de su conflicto con Disney un hito de alcance nacional e incluso internacional, y si bien esto le ha servido para hacerse con una gran tribuna noticiosa, es necesario advertir los enormes riesgos con implicaciones económicas y electorales de esta situación.
Disney es una empresa de alcance global que ha posicionado el nombre de Estados Unidos en el mundo y ha sido por décadas un motor de desarrollo en la ciudad de Orlando, hogar de una importante comunidad latina (más de un tercio de la población de la ciudad se identifica como latina). Cualquier daño, menoscabo o limitación al desarrollo y crecimiento de Disney en el estado en general, pero muy especialmente en la ciudad de Orlando, podría significar la paralización de inversiones multimillonarias que, a su vez, harían perder puestos de empleo y ralentizar la economía, impactando de manera muy especial a la población latina.
Debido al conflicto con el gobernador, Disney anunció recientemente la suspensión de una inversión de más de un billón de dólares, destinados a construir un complejo de oficinas en Orlando. Este proyecto, de haberse ejecutado como estaba planeado, habría generado más de 2.000 puestos de empleo. También es importante señalar que otros candidatos republicanos han aprovechado la ocasión para asomar propuestas a Disney que se traduzcan en empleos e inversiones para comunidades más afines a ellos, tal es el caso de Nikki Haley, quien hizo votos públicos para que la empresa se mudara de Florida a Carolina del Norte.
Por lo anterior, es necesario decir que la apuesta de DeSantis por construirse un nombre nacional como el líder del movimiento “anti woke” y con ello ganarse el favor de los votantes conservadores, podría ser una jugada sumamente riesgosa no solo en lo electoral, sino también en lo económico y social para muchas familias floridanas.
