Los temas relativos a la política exterior de Estados Unidos y los distintos conflictos que de manera constante mueven el tablero geoestratégico del mundo, siempre están en el radar de la discusión pública estadounidense, más aún durante los tiempos cercanos a un proceso electoral. Hoy, a poco menos de un año de la elección presidencial de 2024, Ucrania e Israel se ubican en el epicentro de ese debate.
Ucrania y los Republicanos
Cuando en febrero de 2022 Rusia escaló en su invasión a Ucrania (porque recordemos que previamente ya lo había hecho en 2014), la reacción de rechazo hacia Moscú y de solidaridad hacia Kyiv fue prácticamente unánime en todo el espectro político estadounidense. El presidente Biden dijo de manera categórica que “estamos unidos en apoyo a Ucrania, estamos unidos en nuestra oposición a la agresión rusa, y estamos unidos en nuestro compromiso de defender a nuestros aliados de la OTAN”. Asimismo, el Congreso, asumiendo una postura bipartidista cada vez menos común en un contexto político hiper-polarizado, rápidamente adoptó una resolución de apoyo a Ucrania que, con el tiempo, sentó las bases para la aprobación de una serie de paquetes de ayuda militar y humanitaria.
No obstante, con el transcurrir del tiempo, el apoyo a Ucrania ha ido sufriendo serios reveses en la opinión pública estadounidense, cobrando más fuerza las voces de los líderes políticos que ponen dudas no solo sobre la estrategia de defensa militar ucraniana, sino también (y sobre todo) en la transparencia en el manejo de los recursos que el país ha recibido de sus aliados internacionales.
El partido republicano, sus electores y simpatizantes han sido en la mayoría de los casos los focos de producción de las críticas más duras hechas hacia Ucrania, así como los principales blancos de esa narrativa que, de manera explícita y por demás lógica, cuenta con el empuje entusiasta de toda la maquinaria de propaganda rusa, que se aprovecha y difunde los dichos de las personas más influyentes en el público republicano que, a su vez, son las más críticas con el liderazgo de su partido.
Según una encuesta hecha por The Economist y YouGov durante el 5 y 7 de noviembre, el 50% de los simpatizantes republicanos opina que Estados Unidos debería “disminuir la ayuda militar” que le da a Ucrania, mientras que el 14% opina lo contrario. Esa diferencia de 36% a favor de los críticos de Ucrania ilustra muy bien la reciente evolución de la opinión pública republicana, pues, al compararla con los resultados de otra encuesta realizada hace 9 meses, encontramos que dicha diferencia tuvo un incremento de 22%; es decir, apenas en enero, los republicanos que opinaban a favor de la disminución de la ayuda a Ucrania eran el 35% (hoy son el 50%), y los que abogaban por el aumento eran el 21% (hoy son el 14%).
El deterioro de la lucha ucraniana en la opinión pública republicana ha generado no solo que la administración Biden y los demócratas en el Congreso tengan cada vez más dificultades para aprobar recursos a favor de Kyiv, sino que además, desde el punto de vista político-electoral, ha puesto en situaciones muy difíciles a senadores y congresistas republicanos que opinan que es un interés estratégico de la seguridad nacional el sostenimiento de la democracia ucraniana ante las pretensiones rusas.
Israel y los Demócratas
Lo que Ucrania se ha convertido para los republicanos se está pareciendo mucho a lo que Israel es hoy para los demócratas.
Cuando el 7 de octubre Hamás sorprendió a Israel y al mundo con un ataque terrorista que significó el día más mortífero para los judíos desde el holocausto, la reacción de solidaridad con el pueblo y el gobierno israelí fue prácticamente unánime en el espectro político estadounidense. Sin embargo, en tan solo poco más de un mes, el cambio en la opinión pública demócrata ha sido sustancial.
Como hizo con Ucrania, el presidente Biden reaccionó de manera categórica y rápida a favor de Israel, condenando el ataque terrorista y resaltando el derecho del único estado judío en el mundo de defenderse ante una amenaza existencial. La postura pro-israelí de Biden quedó reafirmada no solo por sus comunicaciones y acciones desde Washington D.C., sino también desde Tel Aviv, a donde el presidente se trasladó, en medio de los combates, para hacerle saber a sus aliados que no están solos.
No obstante, desde el ala definida como progresista del partido demócrata, tan pronto como Israel reaccionó a la masacre que sufrió a manos del grupo terrorista, se alzó un coro de voces exigiendo un cese al fuego e incluso oponiéndose a la aprobación de fondos destinados a reforzar su seguridad y defensa. Esas voces han estado lideradas por las congresistas Ilhan Omar, Rashida Tlaib, Cori Bush y Alexandria Ocasio-Cortez entre otros.
En el Senado la situación no ha sido diferente para los demócratas. Bernie Sanders ha pedido de manera repetida y pública el cese del bombardeo israelí a Gaza, así como Chris Murphy y Ro Khanna han hecho llamados al gobierno de Netanyahu para que no prosiga con la respuesta militar contra Hamás tal y como hoy está planteada.
Estas voces críticas desde el lado demócrata han generado tensiones dentro del partido que, tal y como sucede con los republicanos y el tema ucraniano, han saltado a la opinión pública a través de acciones políticas. La más reciente y explícita prueba de estas divisiones se dio con la aprobación de un voto de censura en la Cámara de Representantes en contra de la congresista Tlaib, quien, en día recientes, llegó a justificar la consigna “from the river to the sea” que se refiere a la extinción (con pretensiones genocidas) del estado de Israel.
Las diferencias públicas del liderazgo demócrata sobre el tema israelí tienen su correlato en la opinión pública de los simpatizantes del partido, en especial en la base más joven (Generación Z) que, como ninguna otra, se ha mostrado más militante a favor de Palestina y, de manera muy perturbante, a veces hasta de Hamás. Esto ha hecho que Biden, quien se encuentra a las puertas de un año electoral con encuestas muy cerradas cuando no abiertamente en contra, se vea en la obligación de recalibrar su postura y presionar por “pausas humanitarias” para lograr garantías humanitarias a favor de Gaza, pero también para no enajenar a su base electoral joven, pieza clave para mantener su competitividad electoral.
Los latinos moldeando el debate
La congresista Alexandria Ocasio-Cortez es, sin duda alguna, lideresa política con mayor alcance comunicacional e influencia en la Generación Z del ala progresista demócrata. Sus redes sociales tienen millones de seguidores y su cobertura mediática le ha hecho ganar un perfil de gran peso.
Ocasio-Cortez, a diferencia de la mayoría de sus compañeros demócratas, no dijo absolutamente nada durante el 7 de octubre. Tampoco durante el 8 ni el 9. No tuvo un solo gesto de solidaridad con Israel durante ese tiempo crítico. Fue solo 72 horas después del ataque terroristas de Hamás, que hizo la primera comunicación sobre el tema desde sus redes sociales, publicando un video, hecho por The Grayzone (un grupo conocido por ser afín a Rusia y defender la agresión contra Ucrania), mostrando a un grupo de personas que se identificaban con Israel, hablando mal e insultando a Palestina, sin contextualizar debidamente. Desde entonces, la comunicación de la congresista de Nueva York ha sido sistemática en su crítica anti-israelí.
Sin embargo, dentro del partido demócrata hay otro congresista latino, casualmente también de Nueva York, incluso vecino del Bronx, que ha asumido una posición abiertamente antagónica a la de Ocasio-Cortez, su nombre es Ritchie Torres.
Ritchie Torres tiene 35 años, de ascendencia puertorriqueña, afro-latino y miembro de la comunidad LGBTI+ que, en el 2020, logró convertirse en el primer congresista gay electo en el Bronx. Su alcance y reconocimiento nacional aún no tiene la misma envergadura que los de Ocasio-Cortez, pero Torres podría tener una oportunidad de lograrlo asumiendo, como lo está haciendo, una postura diferenciadora con su par demócrata, en un tema de gran interés y sensibilidad.
Torres ha criticado abiertamente a quienes exigen un cese al fuego pues, a su juicio, eso sería como pedirle a Israel “que se convierta en el autor de su propia extinción”. También ha dicho que la idea de que los israelíes están cometiendo un genocidio en Gaza es una mentira, que no es verdad que el conflicto entre Israel y Hamás tiene connotaciones raciales (tal y como afirman quienes acusan a Israel de ser un estado de blancos), y ha rechazado los distintos llamados a boicotear el estado judío. “Me preocupa que la próxima generación esté siendo crecientemente adoctrinada con un odio anti-israelí que los hace indiferentes ante el asesinato en masa de judíos” confesó recientemente Torres en una entrevista.
Siendo Nueva York un estado con una comunidad judía numerosa e importante, es muy probable que Torres logre aglutinar apoyos vitales para catapultar su carrera a nuevos espacios que, a su vez, servirán para contrarrestar y equilibrar las posiciones del ala progresista demócrata ante la base joven del partido.
The Latino Effect editorial team
