La vivienda propia es una puerta abierta para atraer el voto latino, una fuerza emergente en el sector inmobiliario.
No es una exageración decir que en Estados Unidos los latinos son una de las principales fuerzas que mueven el mercado inmobiliario. Las cifras son claras: más de 9,8 millones de viviendas están bajo la propiedad de una familia latina; ello luego de que, durante 2024, 238.000 latinos compraran sus viviendas por primera vez, siendo está la cifra más alta en comparación con cualquier otro grupo étnico-racial por segundo año consecutivo. Adicionalmente, los latinos tienen el porcentaje más alto de “crecimiento en la formación de hogares” con 43,3%, superando a los blancos-no-latinos (17,8%) y a los afroamericanos (20%); así como el de “crecimiento en la propiedad de viviendas” con 35%, superando a los blancos-no-latinos (22,2%) y a los afroamericanos (20,3%).
Las razones de la importante presencia de los latinos en el mercado inmobiliario pueden explicarse por la demografía. La población latina ha crecido sostenidamente, superando los 65 millones en 2022. Ese año, el incremento fue de 1,16 millones, representando el 71% del crecimiento total de la población.
Otra capa demográfica relevante es la segregación etaria. En 2020, la población latina tenía una mediana de edad de 30 años, mientras que la no latina tenía 41,1. Este dato sugiere que aumentará el número de latinos jóvenes que, al ingresar al mercado laboral, busquen formar nuevos hogares.
Estos argumentos sugieren que los latinos ganan influencia en el mercado inmobiliario por ser más jóvenes, numerosos y, por tanto, una población productiva.
Sin embargo, la demografía no explica completamente la preeminencia latina en el mercado inmobiliario. A pesar de ser la minoría más numerosa, los latinos siguen siendo minoría. Los latinos son dueños o inquilinos de solo el 15,2% de las viviendas, mientras que los blancos no latinos poseen el 63,6%.
La pregunta entonces es la siguiente: ¿por qué los latinos estadounidenses, a pesar de ser una minoría poblacional en términos absolutos, tienen una mayor presencia entre los compradores de viviendas en términos relativos? Para responder esta incógnita hay que poner más cuidado en la cultura y menos en el tamaño de la población. Por ello, a continuación se exponen algunos puntos o ideas que pudieran ser distintivos de la cultura latina y que, de manera vital, podrían influir en la inclinación de dicha población por ser propietarios de sus propias viviendas.
- Estabilidad y redes de apoyo: en un mundo incierto y muchas veces hostil, generador de ansiedades y emociones extremas como las que vive un migrante, resulta vital la identificación, construcción y fortalecimiento de una comunidad de miembros afines que puedan prestarle apoyo sus miembros. Es por ello que, de manera casi inconsciente, los migrantes y sus descendencias tienden a agruparse en zonas geográficas específicas donde se sienten un poco más seguros y estables. La propiedad de una vivienda es una oportunidad para construir un tejido social muy necesario para quienes se sienten en tierras extrañas.
- Materialización de una migración exitosa: la compra de una vivienda es para el migrante latino la forma más elemental de hacer palpable el éxito de su migración, así como una fuente de orgullo por ser una prueba de su capacidad de adaptación y resiliencia. Aún y cuando en algunos casos no sea la primera generación de migrantes latinos la que se convierta en propietaria, el logro de la segunda o tercera generación supone un logro colectivo de la familia y la materialización de un sueño.
- Unión y crecimiento familiar: los miembros de familias latinas tienden a ser más dependientes entre sí, con lazos afectivos y de autoridad más marcados y anclados en comportamientos tradicionales que se alimentan a través del compartir recurrente en un mismo espacio físico. La mayoría de los latinos, incluso siendo adultos e independientes, sigue viendo la casa de sus padres como “mi casa” y vuelve con frecuencia. La casa (“mía”, “de mis papás”, “de mis abuelos”) es un lugar donde se cimenta la familia y su idea, funcionando como un verdadero templo.
Por estas razones, todas ellas de naturaleza cualitativa, se podría afirmar que, desde el punto de vista político-electoral, existe una gran oportunidad. Cualquier candidato con un interés genuino de ganarse el voto latino, o al menos de llamar su atención seriamente, puede lograrlo a través de la vivienda. Basta con construir un discurso que enfatice la creación de facilidades para que más familias puedan ser dueñas de sus propias viviendas.
Para ello, sería necesaria una propuesta que incluya dos aspectos clave: más construcción de viviendas y financiamiento accesible para quienes compran por primera vez.
A través de la primera dimensión, se garantizaría el mantenimiento de precios accesibles a través de una oferta constante de bienes. Asimismo, se generaría un importante estímulo económico por la creación de empleos en la construcción, sector con una participación latina especialmente significativa.
Y a través de la segunda dimensión, que implica facilitar financiamiento a primeros compradores, se aborda el tema desde la perspectiva del cliente. Esto garantiza que cuente con recursos suficientes para convertirse en propietario. Además, promueve la circulación de dinero que beneficia a la economía. Muy especialmente, esto ayuda a satisfacer la oferta inmobiliaria y evita una sobreproducción.
Vivienda propia, más que una promesa, podría ser el detonante clave del voto latino.
En conclusión, un líder político que busque ganar el voto latino debe ir más allá de mantener alquileres accesibles. Debe ofrecer una vía real y segura hacia la adquisición de una vivienda propia. Así, los latinos podrán, con trabajo y sacrificio, dejar de ser inquilinos para convertirse en propietarios. Porque, sin temor a exagerar, el latino que no es dueño de vivienda trabaja con el sueño de llegar a serlo algún día.
The Latino Effect editorial team

1 comentario en «Análisis: Mi vivienda propia, la promesa que podría ganar el voto latino»